señor, señor

viernes, 19 de noviembre de 2021

EL ESPÍRITU DE LA COMUNICACIÓN ES LIBRE

La comunicación es curiosa. Tiene un espíritu libre, porque se presta a interpretación. Durante la historia de la humanidad, se ha intentado analizar, descifrar y despiezar la comunicación en una necesidad impetuosa de someterla al raciocinio, pero como decía anteriormente, goza de una espiritualidad ligada a la libertad. Creo que es más fácil de entender con un ejemplo.

En un chat se recibe el mensaje siguiente: "Un alumno de 4º de Primaria aprovecha las discusiones de papá y mamá para repasar los elementos de la comunicación":


Antes de seguir leyendo, contestad a esta pregunta: ¿Qué emoción os ha causado? ¿Qué respuesta daríais?

Tras leer que un alumno repasa los elementos de la comunicación sobre lo que parece ser una discusión ya habitual entre papá y mamá (que seguirá por whatsApp), me ha parecido triste. Pero la primera reacción que he visto, a la que más adelante se han sumado varios, es la risa. He aquí mi análisis. Dependiendo de una personal interpretación o incluso de lo que arrastre a la mayoría, el receptor organizará su reacción. Igual o muy distinta ante un mismo mensaje.

Y es muy interesante pensar en cuántas reacciones a lo largo de nuestra vida, se han visto movidas por malas interpretaciones, falta de comunicación, o por situaciones o momentos en nuestra vida que nos disparan emociones más intensas, positivas o cubiertas con el filtro de la circunstancia. Quizás nos falte información a la hora de valorar el mensaje, por lo que la comunicación de un mismo mensaje puede tener múltiples interpretaciones, dependiendo de la situación emocional, el contexto, la relación con la persona/s... Por eso me parece tan complicado desentrañar el lenguaje verbal o no verbal.

Nos pasamos la vida interpretando mensajes de forma inconsciente y, a veces, llegamos a conclusiones tan equivocadas, que arruinan amistades, familias y parejas. La comunicación es vital, por lo que hay que tomar un tiempo para el análisis del mensaje, antes de concluir de forma visceral el significado. Si queda algún atisbo de duda, aún nos quedan más mensajes que transmitir e información que recabar. Pero tenemos el factor tiempo. No disfrutamos de él para poder llevar a cabo todo este proceso. Hago un inciso aquí, porque el excesivo análisis del mensaje en cada momento, es tan grave como no hacerlo. Es decir, cada mensaje tiene su capacidad de análisis. Distinguir entre ambos es fundamental. Imaginad a una persona tomando el tiempo de analizar cada mensaje recibido en cualquier contexto. Agotador y hasta enfermizo. Los analizables son en su mayoría aquellos que causan conflictos o sensaciones incómodas, que son una amplia minoría (según el contexto de cada uno, claro).

Y ahora viene una cuestión importante. Tras la conclusión irracional, tiene que llegar la incomodidad. Esa pequeña parte dentro de tu ser que te indica que hay algo que no cuadra. Puedes llamarla conciencia, sentido común. Al puzle le faltan piezas. No siento la satisfacción propia de un asunto resuelto o cerrado. Y detrás de él, un análisis. Sin duda, la fase más difícil y a la que no todo el mundo llega: si hay un atisbo de interpretación errónea o la simple certeza de la incorrección, ¿cómo resolverlo? Este momento es terrible para muchos. 

Algunos optan por ignorar el error y esperar que todo se resuelva por ciencia infusa. Anotación para ell@s: no va a suceder y la montaña se va a hacer cada vez más escarpada. El tiempo en estos casos no suele favorecer, porque tiende a enquistar una emoción y llevarla tan dentro, que el excesivo tiempo puede concluir con un olvido muy doloroso. Las personas tienden a convertirse en fantasmas del pasado.

Otros, se sientan en la silla de la indignación con su capa de victimismo, obviando esa vocecita que les dice que quizás no sean víctimas y mucho menos dignos del asiento que toman. Breve comentario para ést@s: con el tiempo os daréis cuenta de que la silla no existe y que la capa es invisible. Para entonces, puede que el asunto esté tan enmarañado o turbio, que ya no haya vuelta atrás. Conclusión: aquí el tiempo es vital, así que "levántate y anda". Sí, va a ser un milagro que lo hagan.

Nos quedan lo@s últim@s. Esos que llegan a la conclusión de que han pueden haber errado o están seguros de ello, analizan la situación y llegan a la conclusión de que abrir otro canal de comunicación para exponer dudas, recabar información y pedir disculpas, es la única solución. Porque necesitan de ella. De la solución. Vivir con la incomodidad de esa pequeña parte de tu ser que te dice que algo no cuadra, se torna muy incómodo y optan por la solución simple. Esa que los otros dos casos, no han sido capaces de ver, pese a su tremenda sencillez.  Tiempo de conclusiones. Toda comunicación tiene emisor y receptor que se intercambian (si es buena, será armoniosa) o dos emisores (sólo hablan, no escuchan), como en el caso del ejemplo del chat. Estos tres casos son aplicables a ambas partes. Puede que la responsabilidad de la mala interpretación sea de ambos y que estén en bucle con los dos primeros ejemplos (ignorar o victimizarse). Difícil solución. Auguro ruina de la relación. Pero como somos seres sociales, ya habrá otr@s ¿no? Bajo mi punto de vista, arruinar una relación, de la naturaleza que sea, por ignorar un conflicto o indignarse en una dimensión falsa o exagerada, requiere una pérdida que me niego a asumir, así que tiendo a hablar y buscar información. Aunque alguna vez también la he pifiado, claro. En varios casos, me he encontrado con que la otra parte está en la silla de la indignación y con la capa de víctima, y he llegado a la conclusión de que el orgullo pone a las personas en ese trono insano, así que opto por tratar de abrir una vía de comunicación y retirarme apaciblemente si no existe posibilidad de que se levanten. La sensación de haber intentado solucionarlo es infinitamente más dulce que la de obedecer al orgullo, pero cada uno que llegue a sus conclusiones.

Para los que optan por ignorar el problema, sólo queda que se conviertan en entes etéreos del pasado. Cada uno elige su camino. Estoy segura de que hay algunos otros casos. Si habéis experimentado otros, sois libres de añadirlos en comentarios. Creo que ser consciente del espíritu libertino de la comunicación, puede ayudar a solucionar conflictos derivados de la errónea interpretación del mensaje.

Respecto al ejemplo que os indicaba del chat, vuelto a decir que no encuentro divertido que el hábito de las discusiones entre padre y madre sean del ámbito del análisis escolar de un niño. Pero todo se presta a interpretación ¿verdad?

Señor, señor.

domingo, 2 de mayo de 2021

CARTA EN BLANCO

Carta en Blanco. En blanco significa sin palabras. Sin contenido. Carente de reflexión. Blanco que huele a libertad para poder hacer lo que cada uno quiera, reunirse con quién desee. Vitamina perfecta para ciudadanos frustrados, cansados y ávidos de esa libertad, aunque sea usada y maltratada. Ya estamos en postpandemia. Los datos médicos no importan, porque estamos vacunando. Y lo más importante, si no quieres ver a tu ex, podrás hacerlo.

Esta pandemia nos ha enseñado que en Madrid COVID-19 se denomina así por un COronaVIrus que surgió en Diciembre de 2019 y que hay que convivir con el virus. Ni estados de alarma ni confinamientos. Por eso los catalanes lo han hecho tan mal, con el clima vivido tienen el delito de tener todo cerrado y la gente en sus casas. 

También han confirmado que el problema de Madrid son los distritos del Sur, por el modo de vida que lleva nuestra inmigración y la densidad en esos distritos. También se dice que los ciudadanos al no poder fumar y no entender las normas, porque son muy confusas, acaban yéndose a las viviendas, lían las fiestas y provocan contagios. El problema es que les apretamos demasiado. Y Madrid es símbolo de libertad para salir de trabajar e ir al teatro o a tomarse una cervecita o un vino y ya de paso, evitar encontrarse con un exjefe. Eso es extremadamente importante. 

IFEMA ha demostrado a los madrileños que en los hospitales que tienen techos altos los pacientes sanan muy bien. Desde que Madrid es España dentro de España y que no es de nadie porque es de todos, los madrileños y las madrileñas están más tranquilos y tranquilas. Y todos ya sabemos, porque así nos lo han afirmado bien claro desde la España dentro de España, que no todos somos iguales ante la Ley, porque el Rey emérito no es como un ciudadano más. Es de otra categoría.
 
 
https://bit.ly/3tfwmso

Libertad sin responsabilidades, porque es lo que los madrileños y madrileñas merecen. Democracia en estado puro. Y hasta aquí la carta en blanco. No merece enviar propuestas a los votantes si con esta receta se ha cocinado la sopa de la victoria a fuego rápido, para evitar que piensen en los ingredientes. Todo está dicho.

El Madrid presentado en la carta en blanco, está en contra del Estado de Alarma y acusa a esta figura especificada en la Constitución de ser dictatorial, pero a su vez solicita que desde el gobierno central se determine qué hacer. El plan debe ser para todos por igual, pero Madrid puede sacar su comodín de libertad para desmarcarse del resto. Madrid se llena de angustia pensando en que requiere de legislación del gobierno central que decida qué escenario se quiere para el país. Pero no pasa nada, porque la justicia gobernará, pues no nos dicen cómo gestionarlo. Pero déjame gestionar que yo sé lo que hacer. Ups, ya me he liado.

Es curioso el uso de la democracia y la libertad en campaña. Democracia en sí misma es libertad e igualdad. La primera deja de ser vital en circunstancias extraordinarias, cuando perjudica la salud de una parte amplia de la población. Y para protegerlos, se restringe, que no se anula. La segunda, la igualdad, no menos importante. Los mismos que se llenan la boca de democracia, reconocen que va por categorías, pero no hay indignación en esa aseveración. Hay una afirmación obvia e impulsada.

Las cervecitas de las terrazas, el teatro, cine y otros espectáculos, también son disfrutados ahora en otras comunidades, que no en todas, por tristes estadísticas. Tristes, no con la connotación de desprecio, sino con emoción. Esa con la que los médicos muestran frustración ante la negación. La diferencia es que en Asturias, por ejemplo, al entender que el cine es un espacio cerrado, no se permite comer. En Madrid puedes bajarte la mascarilla en un espacio cerrado y comer hasta ansiarte durante dos o tres horas. Las que dure la película con sus anuncios. Tomar palomitas y nachos en el cine marca la diferencia de la libertad madrileña. Honestamente me he planteado qué difiere de ver una de las calles con más bares por metro cuadrado de la pequeña ciudad donde resido, de la imagen de libertad absoluta que pretende presentar Madrid. Si se paseasen por aquí esos que hablan de democracia y libertad lo mismo se les caían las lágrimas de felicidad. Diferente comunidad y sin elecciones. Por eso aquí no se anuncia eso de salir del trabajo e ir a tomarse una cervecita. O lo que convenga.
 
La carta en blanco también conlleva estadísticas. La curva epidemiológica se denomina mustia, así que se empapa de cerveza. La caña de España está en Madrid, recuerden. Y las fiestas, esas que se realizan debido a la falta de libertad y presión de los ciudadanos ante las medidas restrictivas. Madrid, adalid de libertad, tiene fiestas ilegales, como en Almería, Navarra, Zaragoza, Barcelona o Asturias. Y las tenía antes de la pandemia, pero no se veían en las noticias porque no provocaban contagios. Las personas no organizan más fiestas porque se sienten acorralados por la falta de libertad. Llevan toda la vida haciéndolas sin ser noticia, pero ahora salen en los medios porque pueden ser cómplices de colapsos de UCI y muertes. 

En fin, todo se vuelve blanco. Sin programa. Con la convicción de que la palabra democracia y el uso retorcido de la libertad, ofrecen la victoria que ya tiene asegurada Madrid. Porque no hay nada mejor que tener la razón y la confianza de arrasar usando torticeramente el cansancio ciudadano. Porque esos distritos maltratados, ya no tienen confianza en la política, y de eso también se nutren los libertadores y las libertadoras de Madrid con sello de persona y no de partido. Y lo mejor es que el extrañamente llamado centro está siendo deglutido por la candidatura con más cervecitas y libertad de todo el país. Hemos cambiado el viva el vino, pero va de lo mismo ¿no? 


https://bit.ly/3tfwmso


Fuentes:
https://bit.ly/3vzadqp
https://bit.ly/3eOLZ4A
https://bit.ly/3t7peht
https://bit.ly/3nE2GnB

sábado, 24 de abril de 2021

¿Por qué se publican las esquelas y existen los/as influencers?

Ayer, en la puerta de la farmacia había una esquela pegada en la pared del portal contigüo. Un señor paseando al perro se paró para leerla con atención, mientras el animal olisqueaba la esquina para orinar con satisfacción en el mismo portal. Bonito detalle para el portal. Una esquela y el orín de los perros. Miré al señor. Quizás conocía a la persona y por eso pasó unos segundos allí, prestando atención a esas palabras que llevaban una cruz. La cruz es importante, porque es símbolo de la muerte de una persona. El señor se marchó. Otra señora pasó para dedicarle otros segundos y después continuó su camino con el carrito de la compra. La vida pasa, mientras la muerte sucede. Y las esquelas te lo recuerdan.

¿Por qué publicamos esquelas? Algunas van incluidas en los seguros de decesos. Escriban nombre, fecha de nacimiento y fallecimiento, lugar de la ceremonia o una frase breve, para mostrar que va a ser recordado por esos cuyos nombres van expuestos (o no) y poco más. Hasta ahí queda abonado. Antes se escribían estos avisos fúnebres para conocimiento de todos, en ausencia de otros medios. Hoy en día no encuentro el sentido más que para que una persona desconocida se pare a leer el nombre de un muerto o muerta y quizás se pregunte sobre la suya propia. Suena simple y quizás ordinario, pero la muerte es así. Simple y ordinaria.

El día en que se murió mi padre, todo el que le conocía lo supo y vino. Al tanatorio, al entierro, a la ceremonia y al acto conmemorativo un año después. Enterrar a una persona que amas es como necrosar un trocito de corazón, que luego vas alimentando de recuerdos para recuperarlo. Pero personalmente, no encuentro sentido a machacar tu corazón con publicaciones, ceremonias, noches de tanatorio y posterior recuerdo en forma de flores cada cierto tiempo. El que te sea conveniente. Pero es una cuestión personal. Tras morir, la vida de tus seres queridos se llena de opciones y de la libertad de observarlas. Y de decidir.

Hablar de esquelas y muerte no es popular. Ahora que están tan de moda los y las influencers, no me puedo imaginar que hablen de ésto. Creo que es mejor ahondar en cuestiones que se ponen de moda por boca de personas que decidieron influenciar las vidas de quien se deje, haciendo vídeos sobre lo importante que es llevar una cosa u otra, creando demandas para las marcas o lenguaje y estilo para que tengas "flow". O los y las youtubers que te enseñan los trucos de los videojuegos, bailes anodinos y te piden suscripción para seguir sumando sus tiempos sentados en una silla anatómica vendiendo ropa de su marca. Recapacitemos, subir vídeos a una plataforma para vigilar la subida del número de visitas (que no "views") y determinar la importancia de su persona, es ya una forma de vida. Por lo menos muchos. No metamos a todos. Y puede que lo simplifique, como la muerte, pero mis palabras no juzgan, sólo opinan.

¿Y qué tiene que ver un o una youtuber o influencer con personas mayores leyendo esquelas? Unos son vídeos con contenidos que dicen poco de las personas que viven y las otras son textos que no cuentan en realidad nada de importancia sobre la persona que murió. Entre medias nos perdemos detalles de la vida que nos completan o complementan. He dejado de observar con asombro a las personas que se dedican a influir a otras y son pagadas por ello, para intentar concluir que es exagerada la necesidad que tiene esta sociedad de que todos seamos iguales en cuerpo y mente.

Volviendo a las esquelas, ¿qué queda de una vida cuando se va? Y aquí es donde viene lo importante. También he prescindido mirar las esquelas con tristeza para observarlas con curiosidad. No importa cuándo nació o murió, sino qué es lo que hizo, algo que nunca ponen. Y se dejan lo importante. 

 La pregunta ¿eres feliz? es muy injusta, me dijo una vez alguien. Bueno, es injusta si el equilibrio no es bueno como para contestarla. No se puede ser feliz cada segundo de tu vida. La muerte interviene en parte de ella. La tristeza, la ansiedad, la depresión, la añoranza. Y los abrazos. A veces la vida te trae sentimientos que duelen o no quieres, pero que aparecen porque así es el ser humano. Rico en matices. Por eso soy feliz cuando pienso en mi padre y su risa contagiosa. Se me caen las lágrimas cuando escucho a Frank Sinatra y extraño su forma de ver la vida. Me frustro cuando pienso en todo lo que se ha perdido y me llena de tranquilidad saber que no llegó a pasar por los momentos más duros de su enfermedad. Soy feliz cuando me río a carcajadas con mi marido. Siento tristeza cuando sé qué le pasa, confianza cuando entiendo la solución y ansiedad cuando no llega. Siento una alegría profunda en un beso con sabor a amor o un abrazo de ternura. Me lleno de melancolía cuando pienso en los que no pueden tenerlos. Soy postiva muy a menudo y veo negatividad muchas veces. Y en general, pienso que la vida te trae momentos brilantes, llenos de luz que hay que recoger y llenarte de ellos. Y situaciones donde esos besos y abrazos te curan como si se llevasen tu tristeza un poco más lejos para mirarla con perspectiva.

La vida y la muerte son dos cosas. Disfrutar de la primera, equilibrar sus designios, confrontar nuestros errores. No es tarea fácil, pero apuesto a que es más interesante que una esquela con poco que decir de alguien o un video de un o una influencer. No os equivoquéis. No comparo, sólo observo los intereses de cada uno y pienso que soy dueña de los míos. Esa es la gran fortuna.


sábado, 17 de octubre de 2020

INFECTADOS DE EGOISMO

No viví la dictadura. No fui testigo de la transición. Ya no tengo abuelas. No conocí a mis abuelos. La historia la leo, porque ninguno de ellos puede contármela. Eso pensé en pleno confinamiento. En cómo lo estarían pasando aquellas personas en pisos interiores, con poco espacio. En convivir con el maltrato. En los ancianos viviendo solos.

Miguel perdió a su mujer un mes antes de que se declarase la pandemia. Llegaba hace unos días con su bastón al hombro y colgando de él, una bolsa de la compra. Me sonrió. Lo sé porque siempre lo hace. Con la mascarilla, ahora miro más a los ojos para ver los ánimos. Me produce ternura. Será porque ha pasado el confinamiento solo. Porque su mujer falleció hace poco. Porque quiero ayudarle, pero él no se deja. Pero por si le sirve, le sigo preguntando. 

La semana pasada Miguel estaba sentado en el banco del parque. Mirando a la gente pasar. Con su gorra, su bastón apoyado sobre sus piernas y esa sonrisa. Me pregunto qué piensan esas personas mayores sentadas en los bancos viendo a la gente pasar. Contamplando el tiempo caminando entre las personas. Me acerqué y hablamos del tiempo brevemente, porque estaba refrescando. 

 

shorturl.at/cjrAT
https://bit.ly/377XYrN
Me acuerdo de Miguel cuando se habla de las residencias. Y de mis dos abuelas. De mi tía que me contaba historias de su infancia con mi padre, para que pudiese visualizar aquello que nunca pude preguntarle, porque se fue demasiado pronto. Algo que le agradeceré a mi tía siempre y que quedará en mi memoria. Su tono cálido al hablar de sus travesuras, sus chistes, la vida con su madre viuda. Las decisiones difíciles. Todo eso que les hizo ser lo que son. 

Por eso me resulta doloroso ver cómo se ha tratado a la gente mayor. El uso de las personas. Su politización. No pasa nada ¿verdad? Ya han vivido suficiente y ahora ya no están. Qué más da. Los protocolos de selección de pacientes me producen asco. Medicalizaron hoteles privados y dejaron las residencias desatendidas. Rechazaron la ayuda de la UME hasta que fue tarde y entonces, se encontraron con ancianos muertos desde hacía varios días. Alguien decidió que no merecían la pena. Como cuando el médico nos dijo a mi madre y a mi que a mi abuela le quedaban dos meses de vida, porque con esa edad no merece la pena hacer nada. Bueno, en este caso, era una realidad, pero terriblemente expresada. Le advertí al médico que estaba hablando de mi abuela, no de una mesa.

Nuestros mayores no son mesas ni sillas que puedes enviar al servicio de recogida de muebles antigüos. Vi a varias personas llorando en un reportaje de televisión. Han perdido a sus madres o padres en residencias. Solos, confusos, con dificultades respiratorias, sin respirador, preguntándose porqué no están sus hijos o nietos. Una permaneció tres días muerta en su cama de la residencia. He contemplado personal desesperado, con miedo, frustración y tristeza.

¿Qué significan esas personas para este país? Están cargados de historia, experiencia, lucha. Fueron madres y padres de personas que hoy sufren pensando en cómo se fueron. Siempre pasa lo mismo. En situaciones extremas, mejor olvidar y dejar atrás lo ocurrido para no abrir heridas ¿verdad?

En las redes una mujer afirma que su madre ha muerto por culpa de Fernando Simón. Otro la increpa y dice que es como si en un accidente denuncias al que ha construido la carretera, ha peraltado la curva o al fabricante del coche, por no haberlo hecho más seguro. Y de ahí han pasado a detallar si el accidente había sido por un choque o no. Y se pierde el fondo del asunto.

https://bit.ly/2Ham0b9   
 

Nuestra sanidad, nuestras residencias. Nuestros mayores cargados de nuestra historia. Si mi abuela hubiese muerto así en una residencia, estaría enfadada, triste, defraudada. Me sentiría miserable. Y me preguntaría quién narices ha hecho un protocolo tan despiadado como para dejar morir a ancianos que podían haberse salvado con un respirador, o haber sabido que alguien estaba luchando por salvar su vida hasta el final. Pero se pierde la perspectiva buscando culpables. Competencias por aquí y por allá. Sabemos la verdad, pero se cubre con el manto de la mentira y el rédito político.              

Todo el mundo habla de la crisis sanitaria y la económica. Nadie se plantea la crisis moral. No estás confinado, pero no salgas por responsabilidad, mientras escuchas a otros que viajaron en avión, coche o tren a otros destinos. ¿Están cansados de ser responsables o es que nunca lo fueron? Disyuntiva entre hacer lo correcto por el bien de ese 99% y sentirte triste por hacer lo correcto y no poder ver a tu familia en otra comunidad.

Y también contemplo al personal sanitario. Azotado por las experiencias vividas durante la pandemia. Aquellos que lucharon por salvar vidas, tendieron la mano a los que se fueron y llegaron a sus casas con el alma agonizante. Esos a los que aplaudíamos con energía, porque son héroes. Héroes que olvidamos, porque ya no hay tanta necesidad. Porque ahora tenemos tiempo, quedan relegados a que hagan su trabajo. Héroes que hoy protestan por sus ínfimas condiciones laborales. Falta sentido común en esta situación. Hay escasez de empatía. Merma la capacidad que nos caracteriza como seres humanos.

Y me acuerdo de ese "ésto nos hará cambiar". La política es un arma arrojadiza. Los medios sociales se incendian de odio partidista y de supuestos culpables o almas cándidas que todo lo hicieron bien. La soledad. La imposibilidad de hacer nuestra voluntad. Los que eran egoístas, interesados, oportunistas, conspiranoicos, o miserables, siguen siéndolo. Los políticos continúan suscribiéndose como un ejemplo deleznable. Nos hemos convertido en epidemiólogos, médicos, sanitarios y politólogos. Nos llamamos fascistas o dictadores comunistas. Hemos vuelto a la España de dos bandos, esa que dejaron atrás esos mayores que ya no importan. Seguimos pretendiendo haber curado heridas abiertas, cuando no es cierto que el tiempo lo cura todo. Aplaudimos en nuestras ventanas encerrados, pero hoy que ya podemos sentarnos en una terracita, que salgan ellos, los médicos, a volver a recordar la importancia de una sanidad pública de calidad. La crisis moral donde sólo importa lo que nos importa. Lo nuestro. Lo que está más cerquita. Porque ahora que disfrutamos de la libertad, el miedo responsable se olvida, y con él, aquellos que luchan y se enfrentan a la verdad diaria y aplastante.

 

https://bit.ly/3j8fu1m

 Continuamos agrediendo la unidad que parece ya devastada por la posesión que la política ha tomado en nuestras vidas. Y entre medias contemplamos a un Rey que abdicó huido del país, porque en Arabia Saudí no le pueden extraditar por los delitos supuestamente cometidos. Amantes cobrando herencias en vida, y con la libertad de hablar con 65 millones de euros en el banco que nadie puede quitarle. Caso Dina que sí, que no, que sí. Corrupción que llega hasta la cocina de los populares. Sanitarios manifestándose. Negacionistas hablando de ciencia sin mascarilla. Fiestas como antaño bañadas en egoísmo. No estamos de acuerdo con el cierre de Madrid, pero, por favor, no salgáis. Y nos enfrentamos a la mayor crisis moral, donde los políticos no son ejemplo, y los ciudadanos se ven abocados a tomar decisiones que afectan a todos. Oigo sirenas. Vamos a olvidar que el caldo de cultivo de nuestro nuevo mundo contiene dosis de egoísmo inaceptables.

domingo, 26 de abril de 2020

INFOVIRUS

Todo empezó en un chat. Esos que ahora se crean o que ya estaban y son centro de recreo y comunicación, en cualquier sentido. Todo comenzó con un mensaje sobre la salida de los niños. Una contestación sobre la necesidad de que salgan y aquellos viviendo en pisos oscuros, sin espacio ni medios. Otro comentario diciendo que con los niños fuera todo se iba a complicar más. Padres y madres irresponsables. Contagios masivos. Sentí frustración. Y rabia. Recibí un mensaje asegurando que se estaba a favor de que los niños salgan, pero no al supermercado o a la farmacia. Vaya, he hecho que alguien tenga que justificar su opinión. Fue cuando dibujé un mensaje en Facebook de otro conocido que estaba haciendo una llamada "cura de chats y comentarios cuñadísimos". Necesito una cura de información. 

He pasado de leer cada recodo de la noticia con intención de entenderla y opinar con fundamento, a que mi mente recoja pedazos, quizás ya agotada por la acumulación de basura informativa. O quizás es que denoto falta de empatía o cansancio e inflexibilidad. No es mi modo de hacer las cosas.

Y aquí estoy. Escribiendo sobre mi cura de este infovirus. Tratando de buscar sentido al exceso de dimes y diretes, para llegar al estado de tranquilidad y criterio con el que empecé este confinamiento. 

El virus está cocinado en un laboratorio de Wuhuan. No, el virus viene de los mercados húmedos de Wuhuan, porque alguien se comió un murciélago o un pangolín. 
China se quiere lucrar con este virus. No, están ayudando a que lo superemos los demás. 
España compra material defectuoso. Holanda y Francia también. 
Los científicos avisaron que esto pasaría. Nadie lo sabía. 
Amancio Ortega dona material sanitario. No paga sus impuestos. Amancio Ortega utiliza voluntarios para vender el stock de ropa de sus tiendas. Todos a comprar ropa de Inditex cuando salgamos. La ropa la fabrican trabajadores explotados. Las donaciones pesan más. 
Pablo Iglesias se ha saltado el confinamiento para acudir al Consejo de Ministros. No, Iglesias pidió permiso para ir al Consejo de Ministros y fue siguiendo los consejos médicos. Fue una irresponsabilidad. No, lo hizo por necesidad.
Pillan a Rajoy paseando por la calle. No, son imágenes de hace años. El periodista que grabó a Rajoy saca la fecha y es actual. Ya, pero Rajoy estaba solo y no había nadie en la calle. No, tiene que dar ejemplo. 
Multa a un joven por hacer deporte en el campo solo. Ese es un sinvergüenza. 
Aznar se va a pasar el confinamiento a Marbella. Tiene derecho a ir a su casa. 
Varias Comunidades Autónomas costeras se quejan de que los madrileños trasladen el virus a sus comunidades. Esos son una panda de irresponsables. 
Iglesias y Montero tienen una ambulancia en la puerta de su casa. No, se descubre que es un bulo.
Los ataúdes que esconde España. No, son imágenes de otro país. 
Se permite salir a los niños al supermercado y a la farmacia. No, a dar paseos de una hora. 
El Gobierno miente en los números de muertos. No, los datos los dan las Comunidades Autónomas que gobierna cada partido. 
La culpa es del bipartidismo: los recortes del PP y la pasividad del PSOE. No, la culpa es del gobierno social-comunista. La culpa es de la manifestación del 8M y del Gobierno que lo permitió. No, la culpa es de Ortega Smith que fue a un mitin el mismo día con síntomas y habiendo viajado a Italia. No, la culpa es de los aficionados al fútbol que viajaron, de los que fueron a centros comerciales o se tomaron cafés y cervecitas. 
La ultraderecha fabrica bulos para cargarse al Gobierno. No, es la izquierda que no te deja publicar informaciones contra el Gobierno. Facebook y WhatsApp toman medidas para evitar la viralizacion de bulos y las palabras que puedan incitar al odio. No, es el Gobierno que maneja Facebook, WhatsApp y tiene comprados a todos los medios. No, puedes encontrar muchas noticias contrarias al Gobierno.
Uso a los muertos del 11M y los comparo con los del coronavirus. Una Asociación de víctimas del 11M pide que no se usen los muertos. Se piden banderas a media asta y minutos de silencio. Se usan los muertos en discursos y en política.

Me preguntaba si ponía todas las noticias y contra-noticias juntas, habría oportunidad de analizar esta situación y darse cuenta de que uno no puede dejarse llevar por todo lo que aparece en los medios. Me preguntaba si dejaremos algún día los colores políticos y practicaremos un poco el pensamiento crítico, para dejar de esparcir tanta mierda sin sentido. Me preguntaba si algún día la política estará a la altura. Con gran pesar creo que la respuesta a todas estas preguntas es un NO gigante. Defenderemos al Gobierno, porque lleva nuestro color. Difamaremos al Gobierno porque no lo lleva. Transmitiremos bulos porque nos conviene y, defenderemos lo indefendible porque en ello nos va el tiempo. Ese que pasamos confinados, recibiendo noticias, crispándonos. Continuaremos viendo viejos o viejas del visillo apuntando a personas en la calle sin conocer su historia. Juzgando y condenando sin datos. Defenderemos a aquellos que hacen lo mismo, pero que nos interesa que se vean bien. Sin pensar demasiado. O pensando a borbotones. Sin calma. Tranquilamente, porque llevamos la razón absoluta. Sin pensar en las consecuencias. Queriendo que las consecuencias nos beneficien. Hoy, muchos somos la Santa Inquisición. Por eso, me quiero curar de este infovirus. Por eso ya no atiendo a WhatsApps con noticias, idearios ni a comentarios políticos. Hoy, solo quiero salir de este momento.

viernes, 10 de abril de 2020

DIME ALGO BONITO

Ahora tenemos tiempo para pensar. Pero eso supone un problema, porque nadie quiere hacerlo. Es delicado eso de mirarse dentro, así que miramos fuera. Opinamos sobre la política, la sanidad, la economía, la vida de otros. Unos arengan sobre la maldad del virus y las responsabilidades. Otros, hablan de otras vidas. Amig@, herman@s sufriendo la devastación. La soledad de algunos. Y la santa inquisición. De esos que asomados a los balcones miran las vidas ajenas sin conocer ni pretenderlo. Incluso hay muchos que sacan la filosofía barata, sus petardos envenenados de algo que leyeron no saben dónde, o las ideologías desvocadas sin otra intención que darse la razón y que se la den.

Pensemos. Hace ya tiempo que le dije a alguien que nos pasamos la vida siendo hij@s, maridos, mujeres, padres o madres, sin saber dónde cabemos en esa ecuación que es la vida. Es terrible pensar que nacemos y nos desarrollamos en torno a un rol al que le debemos nuestro ser. Sin pensar. Sin analizar la adecuación del mismo a nuestro apetito de vida. 

¿En qué momento nos perdimos? Dice ese alguien que la culpa es del ritmo en el que vivimos. La espiral que nunca para. Sin momento alguno en el que nos confinemos y podamos pensar. ¿Y ahora? No es el momento, me dice. Ahora hay demasiada información que asimilar. Mucha preocupación. Entonces, no tenemos solución. O es que mirarse es más duro que mirar lo mal que lo hacen los otros.

Mi hijo me pide, como todas las noches: Mamá, dime algo bonito. Se lo digo. ¿Qué quieres ser de mayor? Quiero construir coches y jugar al hockey profesional. Y sonrío. Ojalá todos de adultos tengamos las cosas tan claras y pensemos de forma tan sencilla. Di algo bonito sobre tí. Repite las veces que consideres. Ahora hazlo con los que tienes a tu alrededor. Será que funciona mejor el premio que el castigo. Será que te ayuda a avanzar mejor saber tus fortalezas y reforzarlas. Una idea para el confinamiento. Una idea para todos.

viernes, 20 de marzo de 2020

ECOSISTEMAS, CORONAVIRUS Y REYES

¿Qué tiene que ver el Coronavirus, la destrucción de ecosistemas y el Rey? Bueno, ninguno de los tres nos ayuda en la situación que estamos viviendo. Pero al final, lo veréis.
 
La palabra "corona" está en boca de todos. El Coronavirus, del que hemos escuchado tanto y seguimos sin saber mucho. La Corona, referida al Rey. Esa institución Nini: Ni está, ni se la espera.

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Hay pocas cosas que no se hayan dicho ya. Decenas de vídeos de enfermer@s, médic@s, personal sanitario y de limpieza, transportistas, camioneros, investigadores, científicos, policía, guardia civil, trabajador@s en supermercados. O trabajador@ a secas. Esos que siguen saliendo de casa por necesidad y exponiéndose. Simplemente, gracias. 

Todos hablan de falta de medios, irresponsabilidad, estupidez (mucha) y también de esperanza, coordinación y apoyo. Dos caras de una misma moneda. Tengo a bien pensar que la cara positiva es mayor que la negativa. Lo que me cuesta contemplar es la imbecilidad de la gente. Las gracietas, la falta de sentido común, el egoísmo desmedido: salgo porque mi piel necesita las vitaminas del sol, a sacar al perro de peluche, a darme un chapuzón en el mar o en la piscina, a reirme de los enfermos y muertos tosiendo. Cómo se nota que no trabajáis en un hospital: saturados, frustrados, consumados por las circunstancias. Esas que se podrían empezar a equilibrar si imbéciles como vosotros, se quedasen en casa y no llenaran las televisiones de la vergüenza de vuestra irresponsabilidad. Pero ahora en estos tiempos, hay que centrarse, salir adelante y criticar después. Sí. Pero os cuento mi punto de vista.

No paro de ver comentarios sobre la irresponsabilidad de continuar con las manifestaciones del 8M. Quizás sí fue un error, pero si todos hacemos memoria, la inmensa mayoría no tuvimos esa impresión de errar soberanamente. Si nos han metido en casa confinados hace poco ¿por qué no lo iban a hacer antes? ¿Les apetecía saturar la sanidad? Hay quien dice que había muchos intereses. Puede ser, pero realmente en el 8M no tuve la sensación de estar haciendo algo indebido y creo que en eso podemos estar de acuerdo la mayoría. Por lo menos todo el mundo siguió yendo a misa, a tomar unas cervecitas, a comer a restaurantes, a pasear o de compras por centros comerciales. ¿O es que el 8M todo el mundo estaba en casa confinado? Otros sí es verdad que lo vieron con clarividencia. La misma que apareció al lunes siguiente cuando el Centro de Coordinación y Emergencias Sanitarias, observó el aumento de casos y modificó las medidas de acuerdo a las circunstancias. Si hay algo que nos ha enseñado esta crisis es que la situación es cambiante y, por momentos, impredecible, por lo que no creo en las negligencias deliberadas. Y que no hay cómplices, sino complejidad. Se nos dijo que asistiéramos y que si notábamos síntomas, no fuéramos. Dudo que los técnicos se riesen de la situación o de todos nosotros.

Inconscientes o no, las medidas llegaron tarde. Eso es lo que pienso. Por mucho que te contente el gobierno de izquierdas, algo que nos suele caracterizar es el espíritu crítico. Dicho esto, creo que la gestión de la pandemia ha sido complicada. Tanto, que aunque sigas las directrices que crees correctas, el error está esperándote a la vuelta de la esquina. Que no suene a justificación.  Es más bien una reflexión. Muy necesaria ante la convulsión de comentarios en las redes.

Insultos, falta de argumentos, hipocresía. Las de aquellos que critican el 8M y hacen un mitin el mismo día con uno de los titulares de regreso de Italia, tosiendo y con fiebre. Se pide perdón y ya está. Eso sí, vamos a llamar irresponsables al resto. Cualquier momento es bueno para buscar rédito político. 

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La política es lo que tiene. Busca sus formas sin guardar las formas. Y sosteniendo incorrecciones con pinzas, nacen los anticuerpos españoles para defender a la nación. Hay quienes boicotean hasta a su santísima madre para volar cual aguilucho sobre las cabezas de los ciudadanos, pensando en ellos como carroña. Y esos bulos que circulan por internet. Hay formas para averigüar la verdad si se quiere.

El Coronavirus nos ha enseñado coordinación ciudadana; el aprecio por pasar tiempo con los que no podemos ver por mandato; la responsabilidad de cuidarnos los unos a los otros; la solidaridad; la empatía en forma de aplauso todos los días; la tristeza de aquellos que no conocemos y que hoy no se han podido despedir de sus familiares fallecidos; el valor de lo público. Y con ésto, quizás ganemos una sociedad mejor.  Un regreso a lo público de lo privado. Una conciencia de defensa de los que más lo necesitan. O puede que pasado un año, se nos olvide. Eso es decisión de cada uno. Lo que sí es seguro es que nada será como antes.
 
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Y aquí quiero hacer una mención especial a las madres y padres de niños con TEA (Trastorno del Espectro Autista). Ellos están haciendo una labor extraordinaria manteniendo a sus hijos en casa y saliendo lo indispensable, porque ellos, los niños con TEA, necesitan salir. Necesidad. No por capricho. Y recuerdo a los ciudadanos que increpan, insultan y chillan en sus ventanas, que antes de juzgar cual Santa Inquisición, procuren tener empatía y pensar en ellos. Madres y padres con brazaletes azules y sus hijos, que no merecen ser tratados de esa forma.

Pero volvamos al virus. Hace poco leí un artículo muy interesante sobre el origen de los coronavirus, que llevan danzando por este mundo unos cuantos años. Quizás sea verdad que esos virus puedan tener más que ver con la destrucción de ecosistemas y la desaparición de especies intermedias que actúan como barrera. También hablaban de la destrucción de entornos naturales relacionada con la aparición de nuevas enfermedades. Si destruimos bosques para convertirlos en tierra de cultivo, por ejemplo, la palma (el famoso aceite de palma y sucedáneos), algunos animales se verán obligados a moverse a zonas más cercanas al ser humano, cuya interacción ahora será más directa. Tan directa, que se los comen o los venden en mercados. En dicho artículo había una mención a las declaraciones en la BBC de Peter Daszark, ecólogo e investigador clave del SARS, indicaba "se estima que en las zonas más recónditas del planeta se esconden en torno a 1,7 millones de virus sin descubrir".  Quizás después de esto también tomemos más consciencia del medio que nos rodea, la alimentación que arrasa ecosistemas enteros en pos de una necesidad inexistente, y la compra de productos que colaboren con esta situación, como el famoso aceite de palma. De nuevo, una reflexión.

Y me gustaría finalizar con una mención especial a la Corona. Quizás su ineptitud y cobardía en estos tiempos, consiga que muchos se plateen de una vez por todas su utilidad y los recursos que gastamos en ellos. Esos que ahora necesitamos y que no aparecen de su mano. Muchos no sabían que el Rey era inviolable e irresponsable. La monarquía nos trajo la democracia, recuerdan los gallardos españoles. Aplauden el discurso insulso, falto de compromiso y alejado de la realidad de las cacerolas. Cuando llevas a tus espaldas la palabra "democracia" o te declaran "padre de la Constitutión", tus porquerías se limpian mágicamente. En esta democracia, donde todos los ciudadanos somos iguales, el Rey no puede ser juzgado o ser responsable de sus actos en el ejercicio de sus funciones. Al menos en España. Se cubrió bien las espaldas y las de su descendencia. Había que asegurarse que los Borbones bribones tuviesen sus privilegios bien atados. Y aquí estamos y seguiremos. Porque un día el hijo del Rey de España exiliado y ahora emérito, vino a los brazos de Franco y a su muerte, apareció como el sostén de la democracia. Esa que se ha dado de sí y tenemos guardada en el cajón de los recuerdos eméritos. Como memoria de lo que vino a ser. No es. Nunca será.