Si la verdad tuviera voz, sería la de Sabina. Ronca, áspera y poética. Y lo digo escuchando Peces de Ciudad con la voz de Rozalen, que es pura
dulzura. También la verdad es dulce en los labios del querer. Me ha
llevado un tiempo tener tanto aprecio por la verdad, aunque a veces aún
hoy la quiera vestir con la capa de invisibilidad. Es más cómodo en
ocasiones.
No es un día especial y ni siquiera empecé a pensar en esto con el ánimo de hablar contigo. Hace tiempo que dejé de hablarte, porque no estás. Quizás escribo para recordar. Para sanar. Y esta vez en voz alta. Hoy recordé que reposas en tu amada tierra. La de tu infancia. En ese lugar en el que paseábamos comentando la banalidad del mundo y en la que disfrutamos siempre. Para que tu recuerdo sepa a mar y huela a la felicidad de los días calurosos de vacaciones caminando frente al agua.
Es curioso que la muerte te haga ver la vida con otros ojos. Y el tiempo. Ese que se pierde con detalles poco importantes, decíamos. Desde que no estás ha llovido un mar de dificultades, y también dudas, risas, alegrías, tristezas, añoranzas y aventuras nuevas. Emociones con las que lidiar de formas a veces duras. Es lo que tiene la vida ¿verdad? Equilibrar todo es una tarea ardua. Y ahora me doy más cuenta que nunca de la burbuja que creaste para que aquello no traspasase. Ha debido ser difícil ser el nexo de unión de todo, pero también nos faltaron herramientas para lidiar con aquello que quedaba fuera de la burbuja.
Creo que hay que aceptar los errores y afrontar la realidad con la crudeza que nos golpea. Pero nosotros hablábamos del tiempo, del Real Madrid, y divagábamos con toda suerte de temas anodinos, llenando el ambiente pesado de cuestiones insustanciales, restando importancia a la situación.
En casi toda familia hay un Prohibitorum. Un listado de temas prohibidos de los que no se debe hablar en público. Se esconde el malestar en el ático o sótano y se discute o habla sólo en petit comité. En algunos casos se clasifica como tema herético para proteger la moral familiar y disfrutar de la aparente normalidad. El plan es fingir que aquí no ha pasado nada y seguimos con la nueva normalidad. Me hizo gracia ese concepto, porque para mi es antagónico. Lo normal es lo habitual. Si no es así, es otra situación que con el tiempo llega a normalizarse, pero ese tiempo impide que sea nueva. Pero aquí lo importante es que cuando las cosas se hacen mal, hay que reconocerlas, pedir disculpas y arreglarlo. Es lección básica que se enseña a los niños y niñas cuando hay algún conflicto. Parece que los adultos tienden a olvidarse de este principio. Tiran la piedra y esconden la mano. Algunas personas incluso van tejiendo una madeja de irrealidades para proteger su conciencia, su estatus o sacar partido de las cosas de otras personas. Y lo más interesante es que hablan con tal convicción sobre la falsedad, que se lo llegan a creer y hasta se compra su discurso y se cree a pies juntillas.
Alguien
me dijo que la familia es lo más importante y que los amigos van y
vienen. No veo a las personas por estamentos sociales o personales. Veo simplemente
personas. Y los sentimientos se tienen hacia las personas, no hacia lo que deben representar. El amor, el cariño, la amistad, los vínculos, los recuerdos no
se pueden borrar con cinta correctora, aunque el tiempo hace mella en
todo.
Me gustaría escribirte una frase. De esas que te dejaba en la mesa de tu despacho para infundirte ánimos en tiempos turbulentos, pero no tiene sentido si no la vas a leer antes de ir a casa. Tengo la última. Esa que encontré doblada en tu cartera: "Para triunfar en la vida no es importante llegar el primero. Simplemente hay que llegar, levantándose cada vez que te caes en el camino". Me he levantado muchas veces. Y las que me quedan.
Qué curiosa es la vida. Es como el mar. La marea te trae diferentes y variadas cosas. A veces son olas muy grandes que te dejan la boca llena de arena. Sin habla y con mal sabor, te vas limpiando poco a poco. En otras ocasiones te trae piedras que hacen daño o de esas planas donde pintar paisajes o lanzar para ver las ondas formarse. Quizás tesoros que admirar o simplemente disfrutar con el sonido calmado de las olas haciéndote cosquillas en los pies. Puede que como decía Sabina, seamos peces de ciudad contemplando la vida pasar desde nuestra pecera. Pasando sin pena ni gloria por la vida. No es el plan. No es mi plan.
La vida es la gran enciclopedia del saber, pero a veces no nos gusta
abrir ciertos volúmenes. Llevo un tiempo abriéndolos. Y cada vez estoy más
convencida de que el mundo funcionaría mejor con empatía, honestidad y
sentido común. Tres elementos tan escasos como necesarios.
Nos gustaba reflexionar y sigo practicando. Me acuerdo de nuestras conversaciones paseando y del sosiego que transmitías, pese a los duros momentos. Lo intento. Señor, señor.


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